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¿La atención en los niños se puede entrenar?

Se puede entrenar. Lo curioso es que casi solo mejora lo que se entrena.

En un experimento con 11.430 personas adultas, quienes entrenaron durante seis semanas con juegos de memoria, razonamiento y atención mejoraron en todos los juegos que practicaron. En otras pruebas no mejoraron, ni siquiera en las muy parecidas. Si buscas cómo entrenar la atención en niños, ese resultado es un buen punto de partida: la atención mejora con la práctica, sobre todo en aquello que se practica. Aquí tienes lo que dicen los estudios con niños y niñas, con sus límites, y qué puedes probar en casa.

Hemos leído cada estudio en su fuente original; los tienes numerados al final. Cuando un estudio tiene límites importantes, te lo decimos en el mismo párrafo.

Lo que se entrena mejora. Lo de al lado, mucho menos

El dato de la entradilla sale de un experimento publicado en Nature en 2010.[1] Se apuntaron por internet 52.617 personas de 18 a 60 años y 11.430 completaron el programa de seis semanas. Mejoraron en cada juego entrenado, pero esa mejora no pasó a otras pruebas. Los autores dan un ejemplo: en la prueba de recordar dígitos, el grupo que entrenó memoria mejoró tres centésimas de dígito; a ese ritmo, harían falta casi cuatro años para recordar un dígito más.

Límite: son adultos y entrenamiento en el ordenador.

Con niños y niñas, el patrón se repite. Un metaanálisis de 23 estudios sobre entrenamiento de la memoria de trabajo, con niños, niñas y adultos, encontró mejoras a corto plazo en las tareas de memoria parecidas a las entrenadas.[2] No encontró pruebas convincentes de que se generalizaran a otras capacidades: ni a la atención para frenar una respuesta automática, ni a la lectura de palabras, ni a la aritmética. En 2016, una revisión muy amplia de los programas comerciales de «entrenamiento cerebral» llegó a una conclusión parecida: mucha mejora en lo entrenado, menos en tareas cercanas y poca en tareas lejanas o en la vida diaria.[3]

La lectura práctica: si quieres que tu hijo o tu hija preste más atención en algo concreto, lo prudente es practicar ese algo, o algo muy parecido.

Entre los 7 y los 10 años, una parte la pone el tiempo

Un estudio clásico midió tres aspectos de la atención con una prueba infantil: estar alerta, orientarse hacia el lugar correcto y resolver un conflicto (fijarse en lo importante e ignorar lo que distrae).[4] Comparó grupos de 6, 7, 8 y 9 años, y después a niños y niñas de 10 años con personas adultas. La rapidez y los aciertos mejoraron en cada franja de edad. La capacidad de mantenerse alerta seguía cambiando a los 10 años y más allá.

Límite: se comparan grupos de edades distintas en una prueba de laboratorio; no se sigue a los mismos niños y niñas a lo largo de los años.

Si en unos meses aguanta más con una tarea, una parte puede ser que ha crecido. Por eso conviene compararle con su propio punto de partida.

Lo que comparten los programas que sí ayudan

Una revisión publicada en Science repasó las intervenciones que habían mejorado las funciones ejecutivas (control de la atención y de los impulsos, memoria de trabajo y flexibilidad) en niños y niñas de 4 a 12 años.[5] Encontró resultados con actividades muy distintas: programas de ordenador, juegos sin pantalla, ejercicio aeróbico, artes marciales, yoga, atención plena y programas escolares. Lo común a todas era la práctica repetida y un reto que aumentaba poco a poco. Quienes empezaban con más dificultades eran quienes más se beneficiaban. La misma revisión advierte que la transferencia es estrecha: entrenar la memoria de trabajo mejora la memoria de trabajo, pero no el control de impulsos.

Límite: es una revisión narrativa, no un metaanálisis, y varios de los estudios que cita son con niños y niñas de Infantil.

Moverse antes de una tarea que pide atención

En un estudio con 20 niños y niñas de unos 9 años y medio, cada participante hizo las mismas pruebas dos días: uno después de estar en reposo y otro después de caminar 20 minutos en una cinta, a paso moderado.[6] Tras caminar, acertaron más en una prueba de atención y sacaron mejor resultado en una prueba académica.

Un metaanálisis de 2018 con 31 estudios de niños y niñas de 6 a 12 años encontró un efecto moderado de una sesión de actividad física sobre la atención (0,43, con 6 estudios).[7] Los programas de varias semanas mejoraron las funciones ejecutivas, con un efecto pequeño (0,24, con 12 estudios).

Límite: el primer estudio tiene 20 participantes y una sola sesión. En el metaanálisis, el efecto más grande sobre la atención (0,90) sale de un solo estudio, así que no lo tomamos como dato firme.

Hablar de cómo lo ha hecho, además de practicar

Un equipo de la Universidad de Granada comparó tres grupos de niños y niñas de Infantil: uno hizo un entrenamiento de atención por ordenador, otro hizo el mismo entrenamiento con apoyo para pensar en su propia estrategia (lo que los autores llaman andamiaje metacognitivo) y un tercero hizo actividades de control.[8] El grupo con apoyo para pensar en su estrategia mejoró más en una prueba de inteligencia y mostró más cambios en la actividad cerebral relacionada con resolver conflictos.

Límite: son niños y niñas más pequeños que la edad de este artículo, y el resumen publicado no indica cuántos participaron.

Lo que todavía no está claro

En un estudio con 37 niños y niñas de 5 años, diez sesiones de entrenamiento de atención por ordenador mejoraron la eficiencia de la red cerebral de la atención, el efecto seguía dos meses después y hubo cierta transferencia a una prueba de inteligencia.[9] Pero el grupo de comparación no hizo ninguna actividad, algo que tiende a inflar los efectos. Un análisis de estudios sobre ajedrez, música y entrenamiento de memoria encontró justo eso: cuanto mejor era el diseño del estudio, más pequeño era el efecto, y los autores concluyen que la transferencia lejana rara vez ocurre.[10]

Con la atención plena pasa algo parecido. Un metaanálisis de 33 ensayos con 3.666 niños, niñas y adolescentes encontró efectos pequeños sobre la atención.[11] Al quedarse solo con los ensayos que comparaban con otra actividad, la mejora en atención dejó de ser significativa; se mantuvieron las de ansiedad, síntomas de depresión y atención plena.

Y no conocemos estudios sobre libros de casos de lógica y atención. Lo que te contamos más abajo sobre nuestro libro solo describe cómo está hecho.

Qué puedes probar en casa esta semana

Son orientaciones prácticas que siguen lo que comparten los estudios: practicar lo que se quiere mejorar, con un reto que sube poco a poco.[5]

  1. Encargos encadenados. Si le cuesta seguir instrucciones, dale encargos de dos pasos («deja el abrigo en la percha y trae la jarra»). Cuando le salgan bien varios días, pasa a tres pasos y luego a cuatro. Es orientación práctica.
  2. El juego de los contrarios. Una palmada significa «salta» y dos palmadas, «quieto». Cuando lo domine, cambia las reglas. Entrena frenar una respuesta automática. Es orientación práctica; la revisión de Science incluye los juegos sin pantalla entre las actividades con resultados.[5]
  3. La bandeja. Pon ocho objetos en una bandeja, deja que los mire 30 segundos, tápala y quita uno. ¿Cuál falta? Si acierta, añade dos objetos. Es orientación práctica.
  4. Movimiento antes. Un paseo a buen paso o un rato de juego activo antes de una tarea que pida atención, en la línea de los estudios de actividad física.[6][7]
  5. La pregunta del final. Al terminar, pregúntale: «¿Qué has hecho para no perderte?». Es orientación práctica inspirada en el estudio de Granada.[8]

Si la dificultad aparece sobre todo al leer, mira qué hacer cuando un niño se distrae al leer. Para jugar juntos a pensar, tienes seis juegos de lógica para hacer en casa.

Cómo está hecho Logicasos (y lo que no podemos prometer)

Logicasos es un libro de 40 casos de lógica tipo Murdle, de 96 páginas, para niños y niñas de 8 a 10 años, o desde los 7 si leen con soltura.[12] El libro lo presenta así: «En cada caso, cuatro personas te dan una pista. Con las pistas descubres qué pasó».[13] Antes de resolver, cada caso pide escribir una primera idea, y al final se comprueba.

Varios detalles del libro tienen que ver con la atención. En cada caso se repiten las mismas claves de detective: «Lee todas las pistas primero. Tacha lo que es imposible. Marca lo que sí es seguro. Si solo queda una sin tachar, es esa».[13] Hay una regla fija: «nadie en este libro miente», así que cada pista se puede tomar al pie de la letra. Y la dificultad sube por tramos de color: casos 1 y 2, del 3 al 6, del 7 al 20, del 21 al 33, del 34 al 39 y el caso 40. Ya en el primer caso aparece un aviso: «Fíjate en esta puerta: volverá a aparecer».[13]

No hay estudios sobre Logicasos y no conocemos ninguno sobre libros de este tipo, así que no te prometemos que mejore la atención de tu hijo o tu hija. Sí pide lo que comparten los estudios de arriba: leer con calma, practicar a menudo y un reto algo mayor en cada tramo.

Cuándo consultar

Habla con su tutor o tutora y con su pediatra si la dificultad dura meses, aparece en casi todas las situaciones (en clase, en casa y jugando), afecta a lo que aprende o a cómo se relaciona, o si el colegio te lo ha comentado. Solo un profesional puede valorar a qué se debe. Estos ejercicios no sustituyen esa valoración.

Un experimento para esta noche

No necesitas comprar nada. En la ficha de Logicasos hay una guía gratis para familias, de 11 páginas, con un caso resuelto y otro para practicar: el caso del escondite.[14] Si no puedes imprimirla, basta con dibujar la tabla en un papel.

  1. Antes de empezar, da un paseo corto con tu hijo o tu hija, o juega con él o con ella a algo que pida moverse.
  2. Lee el caso con tu hijo o tu hija y pídele que escriba su primera idea.
  3. Regla de la noche: leer todas las pistas antes de poner una sola marca.
  4. Cada vez que marque algo, pregunta: «¿Qué pista te lo dice?». La guía propone también esta otra: «¿Esto lo sabemos seguro, o nos lo imaginamos?».[14]
  5. Al terminar, haz la pregunta del final: «¿Qué has hecho para no perderte?».

Apunta su respuesta en un papel. Mañana, antes del siguiente caso o juego, léesela.

Referencias

  1. Owen, A. M., Hampshire, A., Grahn, J. A., Stenton, R., Dajani, S., Burns, A. S., Howard, R. J. y Ballard, C. G. (2010). Putting brain training to the test. Nature, 465(7299), 775-778. doi:10.1038/nature09042
  2. Melby-Lervåg, M. y Hulme, C. (2013). Is working memory training effective? A meta-analytic review. Developmental Psychology, 49(2), 270-291. doi:10.1037/a0028228
  3. Simons, D. J., Boot, W. R., Charness, N., Gathercole, S. E., Chabris, C. F., Hambrick, D. Z. y Stine-Morrow, E. A. L. (2016). Do "brain-training" programs work? Psychological Science in the Public Interest, 17(3), 103-186. doi:10.1177/1529100616661983
  4. Rueda, M. R., Fan, J., McCandliss, B. D., Halparin, J. D., Gruber, D. B., Lercari, L. P. y Posner, M. I. (2004). Development of attentional networks in childhood. Neuropsychologia, 42(8), 1029-1040. doi:10.1016/j.neuropsychologia.2003.12.012
  5. Diamond, A. y Lee, K. (2011). Interventions shown to aid executive function development in children 4 to 12 years old. Science, 333(6045), 959-964. doi:10.1126/science.1204529
  6. Hillman, C. H., Pontifex, M. B., Raine, L. B., Castelli, D. M., Hall, E. E. y Kramer, A. F. (2009). The effect of acute treadmill walking on cognitive control and academic achievement in preadolescent children. Neuroscience, 159(3), 1044-1054. doi:10.1016/j.neuroscience.2009.01.057
  7. de Greeff, J. W., Bosker, R. J., Oosterlaan, J., Visscher, C. y Hartman, E. (2018). Effects of physical activity on executive functions, attention and academic performance in preadolescent children: a meta-analysis. Journal of Science and Medicine in Sport, 21(5), 501-507. doi:10.1016/j.jsams.2017.09.595
  8. Pozuelos, J. P., Combita, L. M., Abundis, A., Paz-Alonso, P. M., Conejero, Á., Guerra, S. y Rueda, M. R. (2019). Metacognitive scaffolding boosts cognitive and neural benefits following executive attention training in children. Developmental Science, 22(2), e12756. doi:10.1111/desc.12756
  9. Rueda, M. R., Checa, P. y Cómbita, L. M. (2012). Enhanced efficiency of the executive attention network after training in preschool children: immediate changes and effects after two months. Developmental Cognitive Neuroscience, 2(Supl. 1), S192-S204. doi:10.1016/j.dcn.2011.09.004
  10. Sala, G. y Gobet, F. (2017). Does far transfer exist? Negative evidence from chess, music, and working memory training. Current Directions in Psychological Science, 26(6), 515-520. doi:10.1177/0963721417712760
  11. Dunning, D. L., Griffiths, K., Kuyken, W., Crane, C., Foulkes, L., Parker, J. y Dalgleish, T. (2019). Research review: The effects of mindfulness-based interventions on cognition and mental health in children and adolescents. A meta-analysis of randomized controlled trials. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 60(3), 244-258. doi:10.1111/jcpp.12980
  12. Logicasos, ficha en Amazon.es (96 páginas, ISBN 978-84-19517-81-4, edad de lectura de 7 a 10 años) y ficha en editorialpoint22.com (8 a 10 años, 40 casos). Consultadas el 5 de noviembre de 2026.
  13. Logicasos, páginas interiores: «Cómo se juega», escala de dificultad y caso 01. Consultadas el 5 de noviembre de 2026.
  14. «¿Cómo se resuelve un caso?», guía gratuita para familias de Logicasos (PDF, 11 páginas), descargable en la ficha del libro en editorialpoint22.com. Consultada el 5 de noviembre de 2026.

Texto: equipo editorial de EditorialPoint22. ¿Ideas o dudas? Escríbenos a info@editorialpoint22.com.

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